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Cómo empezar a vivir en el presente te puede cambiar la vida.

  • 2 nov 2020
  • 3 min de lectura

Actualizado: 24 may 2021

“No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?” (Mt 6, 31) “Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el día de mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” (Mt 6, 33-34)


En estos pasajes puedo ver cómo Cristo veía al mundo y cómo quiere que lo vea yo. Son tantas las veces que me preocupo por el futuro, por lo que va a venir.


Tantos son los momentos de ansiedad y necesidad de tener todo lo que está pasando y lo que va a pasar controlado. Pero Jesús claramente me fue hablando en esta cuarentena. Me dice que deje de “pre””ocuparme” y me empiece a ocupar de las cosas de cada momento. Que debo enfocarme en el momento donde Dios me puso y a la situación que me trajo, porque por algo me quiere ahí. Me llama a confiar un poco más ciegamente en Él.

El Cardenal Newman en una oración dice:

“​Mantenme en el camino; ni siquiera te pido alcanzar ver el horizonte; me basta ir avanzando lentamente”

Es así como quiero vivir mi vida y como Jesús me pide que lo haga. Sin inquietarme por el día siguiente. Porque cada día tiene su propia aflicción.

E incluso está la posibilidad de que Dios me llame a estar en su presencia en el cielo y que no haya un “mañana”. ¡Gloria a Dios si eso ocurriera! De esta forma, centrado en el presente y consciente de que estoy acá y ahora es que disfruto más las cosas. Si bien lo que más quiere Dios es que vaya al Cielo, que sea Santo, también quiere que en mi transcurso por la Tierra pueda disfrutar de cada uno de los momentos en su presencia. Pero disfrutarlo a sus ojos, no a los del mundo. Me llama a algo tan simple pero a la vez tan complejo como buscar el Reino de Dios en cada decisión. Dejándome guiar por el Santo Espíritu y pudiendo ser dócil a cada una de sus indicaciones. En cada momento de discernimiento acudir a Él antes de dar un paso. Es una linda decisión la que nos llama a todos a tomar en algún momento de nuestras vidas. Este es un paso grande para mi vida de fe. El hecho de proclamar a Jesús Señor de mi vida. Pasarle el volante de la misma y dejarlo manejarla. Abrirle todas y cada una de las puertas de mi vida para que pasee por estas habitaciones llenándolas de su perfume, llenándolas del Espíritu Santo. Acá estoy, Señor, verdaderamente eso es lo que anhelo. Guíame a lo largo de esta vida.

Algo que fui experimentando a lo largo de mi corta vida es que, cuanto más confío en Él, cuanto más lo dejo entrar, más puede obrar en mí. Y me deja crecer aún más en su amor, en la caridad. Me gustó mucho un ejemplo que escuché una vez en un video. Éste hombre decía que la docilidad al Espíritu Santo es como un velero que está en el mar. El Espíritu Santo es ese viento que sopla en el mar. Nosotros, siendo el velero, lo único que debemos hacer es abrir esa vela, y que el Santo Espíritu sea nuestra fuerza de movimiento. Al hacerlo, también siento que me saco un gran peso de encima. El peso de que debo hacer algo con mi vida. Ahora simplemente tengo que hacer lo que Él quiera que haga, y más que “hacer algo con mi vida” voy a hacer todo con ella. Si Él lo quiere, es lo mejor para mí, sin duda. Porque quiere que sea feliz. Y aparte de serlo para mí, también lo es para los demás. Porque lo verán en mí.

A veces me puede llegar a parecer un gran voto de confianza, y que a la vez pierdo mi libertad. Pero en realidad no es así. Soy aún más libre pudiéndome separar de los deseos mundanos de querer ser alguien que en el fondo no me llena. Por eso, quiero recibirte Santo Espíritu. Quiero poder dar este salto de confianza de dejar de ser yo quien quiera dominar mi vida, sino que tu presencia me lleve a donde deba estar. Quiero que desciendas, como lo hiciste con María y los discípulos, y me concedas la Gracia de poder obrar en Vos, y poder aprender más de tus dones. Que aunque no entienda a dónde me querés llevar, yo pueda seguirte.

Y que me des fuerza para permanecer con vos HASTA EL FIN.

Amén

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