Y así pude dejar de ser quién otros querían que fuera...
- 21 oct 2020
- 3 min de lectura
Actualizado: 24 may 2021
Me pasa muchas veces que hago muchas cosas para ser aprobado. Desde chiquito queriendo ser aprobado por mis maestras, profesores, padres, hermanos y a veces hasta gente que no conozco. La necesidad de controlarlo todo me lleva a querer controlar también lo que piensan de mí. Es ahí cuando empiezo a usar ciertas máscaras que me hacen parecer a lo que, aquellos que quiero complacer, quieren que me parezca. Pueden, a veces, ser cosas buenas, como querer ser un buen hijo ayudando en casa o ser un buen alumno esforzándome por estudiar. El problema se da cuando otras tantas veces intento acercarme a gente creyendo que debo hacer cosas que definitivamente no son quién soy.

Quiero impresionar a un/a chico/a haciéndome pasar por alguien que no soy para que se interese por mí. Quiero impresionar a algún supuesto amigo que me conviene mantenerlo cerca para que no hable mal de mí. Otras veces también, quiero simplemente aparentar ser alguien para ser aprobado por mis seguidores de Instagram o la sociedad, siguiendo con las corrientes sociales del momento y queriéndome parecer al resto para encajar. Cuando fui conociendo a Jesús, en cambio, me fui dando cuenta que realmente no sabía quién era yo. Estaba totalmente mareado por complacer las miradas del mundo, no podía complacer ni siquiera la mía. No me reconocía. Me plantearon la siguiente pregunta ¿Quién soy? A lo que me dijeron lo siguiente: Hay distintas formas de buscar la respuesta a esta pregunta. Podría tratar de buscarla en los demás poniendo una encuesta en Instagram o preguntándole a la gente. En ese caso, claramente son las demás personas las que forman mi supuesta persona, que estoy seguro que no es la real. De querer responder quién soy acudiendo a los demás me volvería una persona muy vulnerable ante sus miradas. Mi felicidad duraría lo que dura que los demás me acepten, o que perduren los likes. Busco la aprobación en los demás y gasto toda mi energía en complacer sus juicios.

También podría buscar la respuesta en mí mismo, analizando qué es lo que me hace bien o me hace mal. Buscando las situaciones que me complacen a mí mismo. Lamentablemente ésta tampoco es la forma conveniente de hacerlo, ya que me quedaría estancado en los placeres materiales. La autosatisfacción de lo carnal puede traer alegría, pero esta alegría dura lo que duro en tener hambre después de una rica comida, en tener sueño después de una buena siesta, o en tener resaca después de una salida. La verdadera satisfacción se encuentra entonces en responder quién soy yo respondiendo a otra pregunta: ¿Quién es Jesús? Queriendo responder a este planteo es que pude lograr una mayor identidad, pude comprender más acerca de quién soy. “En Ti está la fuente de vida, y por tu luz vemos nuestra luz” (Salmo 36;10) Para conocer más a Jesús hay que orar más. Adquirir cierta constancia en la oración es lo que me da un mayor conocimiento de quién es Jesús, y así Dios me va mostrando quién soy yo. Porque Él me conoce desde la eternidad y me creó. "Señor, tú me sondeas y me conoces, tú sabes si me siento o me levanto, de lejos percibes lo que pienso, te das cuenta si camino o si descanso, y todos mis pasos te son familiares." (Salmo 139; 1-3).
- la identidad en Cristo -
La tranquilidad que surge de saber que Jesús me conoce más que yo a mí mismo y me quiere así exactamente como soy, con mis virtudes pero también con esos defectos, da una libertad inmensa. Me deja realmente ser auténtico, ser yo. Porque ya no me importa ni la mirada de los demás ni mi propia mirada hacia mí, sino simplemente la mirada de Dios, que como un Padre misericordioso me acepta siempre, aunque peque contra Él, y desea lo mejor para mí en todo momento. Él quiere que yo sea Santo, y yo también así lo quiero. Por esto mismo siento que Jesús me invita a mantener constante mi oración. A charlar todos los días con Él de corazón a corazón. Y así no marearme con la constante necesidad del mundo de responder a quién soy. Y enfocarme más bien en conocer verdaderamente a Jesús para adquirir esa felicidad que nada ni nadie te quita, porque
Confío en mi Señor.





Comentarios