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Una decisión que puede cambiar tu VIDA...

  • 24 may 2021
  • 4 min de lectura

No es que no nos atrevamos porque las cosas son imposibles, sino que las cosas son imposibles porque no nos atrevemos.


Vivimos tomando pequeñas decisiones que, al final de cada día, nos van formando como personas. Somos libres de elegir entre distintas opciones y queda en nosotros tomar la decisión adecuada. Esto es lo que compartíamos ayer en la catequesis de confirmación y los invitábamos también a tener fe, a decidirse por seguir participando de estos encuentros. Por otro lado, anoche tuve el primer encuentro de tutorías con una de las chicas y compartimos nuestros pensamientos sobre el texto de Salvador Canals, “Jesús amigo”, que fue realmente muy iluminador. Sumado a esto, la meditación del evangelio de esta mañana y la Santa Misa vivida virtualmente de nuevo también me llenaron de luz. El Señor realmente me iluminó a través de todo esto ayer y hoy, por eso lo comparto. A los chicos de catequesis les preguntamos ayer “¿por qué cosa sienten pasión hoy?” y esta pregunta me llevó a un recuerdo: cuando tenía que elegir la carrera que iba a seguir, y aún cuando ya la había elegido, le decía a la gente “mi problema es que me gusta todo, pero no siento pasión por nada”. Pero el Señor se encargó de que en mi primer año de la facultad me encontrara con Él y ¿qué mayor pasión que la pasión por Cristo? Esa es la mejor pasión que podemos tener, la que más nos mueve y transforma, la que nos lleva a ser la mejor versión de nosotros mismos, a ser santos.

“Decía Lacordaire que: "La elocuencia es hija de la pasión: dadme un hombre con una gran pasión –añadía– y os haré de él un orador." Dadme un hombre decidido – podría decirte yo–, un hombre que sienta la pasión de la santidad y os daré un santo.”

¡La mejor decisión que podemos tomar es la de ser santos! Porque eso es lo primero que el Señor nos pide, sabiendo que es lo que nos hará felices en este mundo y nos llevará a la Vida Eterna.

“Hace falta, como ves, pasar de la idea a la convicción, y de la convicción a la decisión. Debemos convencernos muy profundamente de que la santidad es para nosotros, de que la santidad es lo que el Señor nos pide antes de cualquier otra cosa. ‘Porro unum est necessarium': Una sola cosa es necesaria.

Y no olvides que lo que nos demora en nuestro camino no son las dificultades y los obstáculos que realmente se presentan: lo que nos demora es nuestra falta de decisión. ‘Non quia impossibilia sunt non audemus, sed quia non audemus impossibilia sunt’. No es que no nos atrevamos porque las cosas son imposibles, sino que las cosas son imposibles porque no nos atrevemos. La falta de decisión es el único verdadero obstáculo: una vez vencido, ya no hay otros, o, mejor, los superamos con gran facilidad. Que nuestro "sí" a Dios sea un "sí" decidido y que con su gracia, sea cada vez más audaz, total e indiscutido.”

No hay obstáculos para ser santos si nos decidimos a ello. El Señor hace santos a quienes desean y ponen todo de sí para serlo. Como decía Santa Teresita “el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad”. Y decidirse por la santidad es una decisión de cada día y, aún más, parte de cada pequeña decisión que tomamos en el día.

“¿Qué te importa? Tú sígueme” (Jn. 21, 22c) le dice Jesús a Pedro en el evangelio de hoy y me lo dijo también a mí: ¿qué te importa si volvés a estar aislada, encerrada en tu casa, sin los sacramentos, sin trabajo, sin actividades, sin ver a tus amigos? ¿Qué te importa? Tú sígueme, decídete por seguirme en todo momento, en cada decisión que tomes en estos 9 días.

El Señor me llamó a que cada decisión sea centrada en Él, especialmente en estos días de aislamiento. Puedo optar entre vivirlos con mala cara o con una sonrisa, y elijo sonreir. A las 19h de cada día puedo elegir entre agarrar la compu/tele y ver la misa virtual o hacer alguna otra cosa, y quiero decidir no solo ver la misa sino vivirla con profundidad, al igual que la vigilia de pentecostés de hoy. Tengo la posibilidad de sumarme a las distintas actividades, reuniones, círculos, charlas, apostolados virtuales durante la semana o no hacerlo “porque me da fiaca lo virtual”. Elijo sumarme porque sé que todo eso me va a santificar. También puedo ayudar en casa con la cocina, con poner y sacar la mesa, con el lavado y orden de la ropa, y tantas otras cosas... y decido hacerlo con alegría, sin pensar y quejarme en lo que hacen o dejan de hacer los otros miembros de mi familia, sino porque el servicio me configura con Cristo. Que cada decisión, pequeña o grande, esté centrada en lo que el Señor me pide y lo que deseo: ser santa. ¡Que en este Pentecostés el Espíritu Santo renueve mis deseos de santidad!

“Todas las edades son buenas, y te repito que cualquiera que sea tu condición, tu situación actual y tu ambiente tienes que convencerte, que decidirte y que desear la santidad. De sobra sabes que la santidad no consiste en gracias extraordinarias de oración, ni en mortificaciones y penitencias insostenibles, y que ni siquiera es patrimonio exclusivo de las soledades lejanas del mundo. La santidad consiste en el cumplimiento amoroso y fiel de los propios deberes, en la gozosa y humilde aceptación de la voluntad de Dios, en la unión con Él en el trabajo de cada día, en saber fundir la religión y la vida en armoniosa y fecunda unidad, y en tantas otras cosas pequeñas y ordinarias que tú conoces. ‘Haec via quae videtur’. Este camino que parece... El camino es sencillo y claro. ¡Convéncete, decídete, desea! Concreta tu esfuerzo y tu lucha, y persevera con amor y con fe. La Santísima Virgen, Reina de todos los Santos, si le pides luz y protección, te servirá de apoyo y de consuelo en la lucha.”


Ser SANTO es una decisión, ¿Vos ya te decidiste? ¿Qué estas esperando ?


(Citas extraídas del texto de Salvador Canals)



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